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Intervención del Presidente del Gobierno de Aragón en la jornada de participación ciudadana en el ámbito de la comunidad autónoma de Aragón

octubre 21, 2008


Zaragoza, 21 de Octubre de 2008

Autoridades, Señoras y señores: Hoy, mejor que nunca, sabemos que ninguna democracia establecida coincide con La Democracia, es decir, con lo que demanda ese proyecto en dosis de igualdad, libertad, participación cívica o tolerancia.

Hoy, mejor que nunca, sabemos que la democracia es una tarea inacabable, de la misma forma que somos conscientes de la posibilidad de regresión democrática. Sin duda estos momentos de regresión están asociados con el crecimiento de la dificultad y complejidad de los problemas.

Somos conscientes de que en el momento histórico en el que vivimos se está produciendo de modo palpable, un cambio de época de dimensiones que no se alcanzan todavía a entrever en toda su magnitud.

Se han difuminado las fronteras que delimitaban con claridad los ámbitos de actuación de los diferentes niveles gubernamentales. Es evidente que un gobierno autonómico no puede gobernar sin relacionarse con los gobiernos locales, con otros gobiernos autonómicos, con el gobierno del Estado o con la UE.

Hoy no se puede gobernar sin contar con la colaboración, las voces y las complicidades de la ciudadanía y de sus organizaciones.
Por lo tanto se imponen nuevos tipos de acción y reflexión, se imponen nuevos ámbitos de participación, alejados de las dos variantes en las que, históricamente, se han movido las consideraciones sobre la democracia:
Por una parte la tentación de rendirse ante las circunstancias, vinculando la supervivencia de la democracia al abandono de sus promesas de justicia social.
Por otra proyectar sobre la democracia un exceso de expectativas que cualquier escenario real se encarga de desmentir.
Debemos afrontar nuestros nuevos retos mediante políticas públicas comprometidas y en las que los ciudadanos también estén y se sientan comprometidos. La acción política, tal y como la entendemos nosotros, es la resultante de la suma de dos vectores: imaginación creativa y razón crítica.
El juicio crítico sobre lo existente impide que nos quedemos en el mismo lugar; nos obliga, por el contrario, a imaginar. La política es esencialmente proyecto y como todo proyecto lleva consigo la semilla del futuro, el germen de la transformación y la reforma. La apuesta que quiero hoy reiterar es la de un gobierno que busca en las complicidades sociales la manera de hacer frente a los retos colectivos que el conjunto de la sociedad tiene planteados. Una apuesta por innovar, por reforzar la calidad democrática, por buscar entre todos el cómo afrontar el futuro común.
Este es el camino en el que encontraremos ciudadanos responsables y comprometidos con los valores cívicos; es el camino en el que podremos cultivar, entre todos, la emancipación de la razón, la libertad de pensamiento y de acción, la ruptura de los dogmas y la superación de los fundamentalismos. Todos ellas, cuestiones que están en la raíz primigenia que permitió crear el concepto de ciudadanía en Europa. Sin embargo, en el imaginario colectivo se está extendiendo la idea de que las instituciones no dedican los suficientes esfuerzos por abordar los problemas que realmente preocupan a la sociedad.
Y eso genera desafección hacia la democracia. Los responsables políticos no podemos quedarnos simplemente en escuchar estas voces que expresan decepción. Tenemos que saber que los ciudadanos exigen respuestas a sus problemas.
Piden que la política les oriente, que les permita leer mejor tanto su presente como sus expectativas de futuro y, si me permiten, lo exigen solicitando que los poderes públicos encarnemos una esperanza razonable e inteligente. Cuando intentamos abordar asuntos como el Cambio Climático, la inclusión social o la igualdad, es evidente que las clásicas fronteras administrativas se ven desbordadas por la necesidad de coordinación y cooperación entre todas las instancias administrativas. Esta es la realidad compleja. Y el reto para los gobiernos todavía resulta mayor. A lo largo de estos años, la llamada participación social ha tenido más arraigo en las entidades locales, donde los ciudadanos se sienten más cercanos a las decisiones que les afectan. Sin duda, los distintos programas europeos que se han desarrollado en nuestras ciudades, pueblos y comarcas se suman a un abanico de experiencias y órganos formales y no formales que nacieron con el objetivo de propiciar la participación de la sociedad en la construcción de las políticas públicas. Me refiero, por ejemplo, a las agendas 21, al Consejo Económico y Social, a las concejalías de participación ciudadana, a los foros sociales o a la riqueza de nuestro tejido asociativo y de las redes sociales. Es justo reconocer que ha sido el tejido social, la ciudadanía, la que ha reivindicado históricamente con más fuerza, y no siempre con la atención que precisaba, el deseo de participar. Vaya por delante hoy mi reconocimiento y agradecimiento a tantas y tantas personas que desde hace años han creído que era posible articular instrumentos de participación para propiciar una democracia más plena. Sin duda, sus aprendizajes van a ser fundamentales para la profundización de esta apuesta que ahora compromete al Gobierno de Aragón. Pero permítanme que un especial reconocimiento al debate sobre el agua en Aragón, porque sin duda es él, entre otros, el que nos ha dibujado el camino. Nos hemos demostrado a nosotros mismos que es posible generar espacios estables de diálogo. Que podemos confrontar intereses legítimos para lograr acuerdos que satisfagan los intereses de todas las partes. Pero también he de reconocer que en estos años hemos tenido tiempo de experimentar las debilidades y las dificultades que estos procesos pueden llevar consigo. Porque en participación no todo vale, y es preciso una adecuada gestión de las expectativas y de los esfuerzos dedicados por todos, desde una generosidad y una responsabilidad fuera de dudas, para que la participación no sea generadora de frustraciones. Somos conscientes de que hemos emprendido un camino y de que queda mucho por explorar. En esta línea, quiero destacar de un modo especial que en la reciente reforma del Estatuto de Autonomía de Aragón hemos incorporado en el capítulo I, entre los derechos y deberes de los aragoneses, el artículo 15, dedicado al derecho de participación: “Los poderes públicos aragoneses promoverán la participación social en la elaboración, ejecución y evaluación de las políticas públicas, así como la participación individual y colectiva en los ámbitos cívico, político, cultural y económico”. marcelino.jpgEs cierto que el Estatuto nos abre la puerta, pero también que la oportunidad se une al convencimiento que, como Gobierno, tenemos en que una participación seria y con metodologías adecuadas no sustituye al sistema democrático representativo, sino que lo complementa y lo hace más pleno. Por eso, en su día creamos una nueva Dirección General con ese título de Participación Ciudadana, dentro del Departamento de Presidencia. Esta iniciativa novedosa en el conjunto del Estado implica una transversalidad imprescindible para abordar este reto. Más tarde, el director profundizará en este aspecto, pero les puedo asegurar que ha supuesto una experiencia extraordinariamente enriquecedora y eficaz sólo en su primer año de vida. Responder a las nuevas demandas de la sociedad es un reto importante como Gobierno. Mejorar la educación, atender a los más desfavorecidos, contribuir al desarrollo económico, mejorar nuestras infraestructuras, profundizar en el desarrollo tecnológico, trabajar por dejar a nuestros hijos una tierra al menos tan habitable como la que nosotros encontramos…

Todo ello son desafíos que tenemos presentes, pero por encima de todos, el reto que nos ocupa tiene que ver con que los ciudadanos recuperen la confianza. Fomentar la participación en estos campos, y en muchos más, es sinónimo reforzar las políticas públicas, incrementar su sentido social y fortalecer la democracia. Porque de esta manera se impulsa la cohesión social, se favorece una verdadera y efectiva igualdad de oportunidades y, por lo tanto, se garantiza el ejercicio real de la libertad; es decir, de la misma democracia. Y lo quiero concretar en un doble sentido: La confianza de los ciudadanos en ellos mismos, en sus posibilidades para construir un presente y un futuro, para ellos y para sus hijos más justo, solidario y sostenible. Y la confianza en sus instituciones, en la capacidad de éstas para ayudarlos en esta tarea de afrontar el presente y construir el futuro Tenemos que profundizar en la democracia. Es necesario que demostremos a los ciudadanos que hemos de trabajar juntos, escuchando sus propuestas, explicando nuestras posiciones y trabajando por definir y construir entre todos el interés general. Al establecer como objetivo la profundización democrática estamos, en realidad, afirmando nuestra confianza en las capacidades de los aragoneses para intervenir en los asuntos públicos.

Es más. Estamos reconociendo que para tomar decisiones inteligentes, necesitamos de los conocimientos y los puntos de vista de todos. No sólo ofrecemos participación, sino que la pedimos. Necesitamos de las voces de todos para poder tomar decisiones adecuadas y más eficaces. No se trata de ser generosos con los ciudadanos, sino reconocer que sin ellos no podremos hacer nada frente a los retos que hoy tenemos encima de la mesa. Al profundizar en la democracia, por otro lado, estamos asumiendo con madurez que vivimos en sociedades complejas y diversas. Sociedades donde existen conflictos sobre los cuales no siempre nos pondremos de acuerdo.

Reconocemos el conflicto y queremos usar las raíces profundas de la democracia para convertirlo en el más potente motor de cambio, en aquello que nos ayuda a reconocer que, aún siendo diferentes, hemos de construir proyectos colectivos. Sin olvidar que el derecho a la diferencia no puede contemplar la diferencia de derechos. Hemos de aceptar que la realidad se puede mirar desde diferentes perspectivas y que el diálogo es la mejor forma para descubrir cómo hemos de afrontar el presente y los retos de nuestro futuro. Invocar el diálogo es recordar la inteligencia colectiva, aquella que necesitamos producir en plural, escuchando las voces de todos. Se trata de una línea ya apuntada en la Grecia clásica, donde nació la democracia. Pericles explicaba que en lugar de considerar el debate “como una piedra que nos hace tropezar en nuestro camino hacia la acción, hemos de pensar que es preliminar para cualquier decisión sabia”. Y hoy, quizá más que nunca, necesitamos decisiones sabias.
Muchas gracias“.

Términos clave: Intervenciones de Marcelino Iglesias

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Autor: Aragón Participa
Fuente: aragonparticipa.aragon.es